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La mirada del dragón

Te está viendo el Dragón, ten mucho cuidado. ¿Eh? Le digo. Si, te está viendo y no tienes protección. El patio del plantel esta vacío, estoy sentado en una de las bancas de concreto esperando el inicio de las labores de la Jornada Académica. Se me eriza toda la pelambrera del cuerpo. El Profesor me señala con el dedo y me observa con los ojos entrecerrados. Carga un portafolio ochentero de plástico negro, viste con un suéter rojo. Se mete la mano en el pecho y saca un collar con un símbolo: Te-tra-gra-ma-tón, solo esto te protege de la mirada del Dragón. Me señala unos segundos mas, me dice: buenas tardes profesor, y se va. De un brinco me levanto, no chinguen, el dragón me esta viendo. Y todavía no empieza la jornada académica.

Gruñidos

A media clase dos jovenes se carcajean en la parte extrema del salón. Qué pasa con ustedes dos, les digo. No prof, no. Ya pónganse a trabajar. Les explico cómo citar de acuerdo con Chicago y APA. Sus compañeros escriben en silencio y éstos vuelven a reirse. A ver ya, ustedes dos ya párenle. Al final los llamo, qué chingaos les pasa. No prof, no. Cómo que no. No prof. Lo que pasa es que en el metro un señor nos estaba gruñendo. Qué, ¿los agredió?. No prof, nos veía y nos gruñía y se le hinchaban los ojos y nos estábamos acordando del tipo. ¿Y les decía cosas?  No prof, solo nos gruñía.

Verde

Le dije a Margarita, quiéres ser mi novia y me dijo que no. Quedé pasmado. Apenas me salió un despechado por qué, pero ella sonrió de manera encantadora, me pellizcó la mejilla, se dio la vuelta y se fue. Me quedé mirando su cuerpo, con aquella falda a cuadros verdes príncipe de gales, con el suéter verde amarrado en la cintura y con esa diadema verde. Toda verde ella como la jacaranda que estaba mis espaldas y de la cual colgaban unas enormes orugas verdes, en verdad enormes. Miguel me dijo: ¿Te batearon güey? pues no sé, le dije, pues que te dijo güey, pues que no, ay güey pues entonces te batearon pendejo, y se carcajeó, hasta verde estas del pinche coraje, me dijo. ¿Eh? ¿verde?.

Los huaraches

Qué quiéres de comer, le digo. Pues lo que tú quieras, me dice. Vente, mira, por acá tiene su puesto El Primo, hace unos guaraches de poca madre, le digo. ¿huaraches? dice, ¿vamos a comer huaraches? me dice espantada. ¡Ah chingao! le digo, ¿nunca haz comido un huarache hija?, no pues chingao, pues qué te enseña tu madre. Pues qué quieres que haga, me dice, nunca los he probado Uy, le digo, te van a gustar, te voy a pedir uno de pura crema con queso y más queso, vas a ver.  Al terminar se relame los labios y dice, están bien buenos, yo pensé que deveras íbamos a comer zapatos

Psicografías Adolescentes: Kublai en la cerca

El ventanal es enorme y un metro más allá hay otro ventanal igual. Lo hicieron para aislar el ruido que hacen los automóviles en el eje. Era imposible dar clases antes de esto. El grupo está en silencio, les hago un examen sobre los textos narrativos. Un adolescente de cabellos engelados y camisa del Arsenal me ve con odio. No le gustó que el ejercicio tuviera dos cuentos y una fábula. No chingue prof, está bien largo esto, dice. Son las   siete de la tarde, está oscureciendo. Es octubre. 


El mes de octubre empieza con petardos, son la canción del otoño. Y así comienza la tarde, con petardos y dos bombas Molotov estallando en la barda sur de la escuela. Entera, una masa enardecida viene a montar su teatro pánico a las puertas del Colegio. Las huestes del gran Khan asaltan la muralla, según versiones de doctos en el tema vienen para tomar venganza de un caído de la fiesta de hace dos días, en donde "nuestros porros" patearon hasta la muerte a otro porro del otro Colegio. Guerr…

Psicografías Adolescentes: El Entrenamiento

"Ch" respira profundo, tiene una mano empuñada en la cintura y la otra estirada a la altura del pecho. Grita y su rostro adquiere una mueca feroz, levanta el pie y patea a su compañero en el estómago. El compañero aguanta el golpe y grita. "Ch" vuelve a repetir los movimientos, mueve las manos, gruñe y vuelve a levantar la pierna y marca con la suela de tenis el pecho de su contrincante. Oye, le digo a "Ch", por qué le pegas; no le pego maestro, estamos entrenando, sabemos lo que hacemos. Volteo a ver a "A" y asiente con la cabeza; todo, dice "A", todo está medido profesor, sabemos cómo patear y dónde pegar.

"Ch" tiene el pelo de un milímetro de tamaño, la cabeza es redonda y sus orejas grandes, viste con uniforme negro, de dos piezas, holgado, gabardina dura, un logotipo en la espalda  que simula un sujeto volando al tirar una patada. Dice tener el dominio de las técnicas del taekwondo, dice entrenar a diario con un profesor …